Cada año el equipo de Prescrypto celebra un retiro, se aleja de sus computadoras y parte para convivir y celebrar un año más de trabajo y aprendizaje; éste fue uno de muchos logros. En esta ocasión, convertidos en exploradores, decidieron adentrarse en las desoladas tierras de San Juan Raya, Puebla, hogar de la Biosfera de Tehuacán; un territorio donde pudieron apreciar huellas de dinosaurios, como las de su: RexChain.

Nos instalamos

Sin computadoras y aire fresco qué respirar.

Al llegar nos sentimos inmersos en la belleza natural del lugar, como aferradas bestias de la ciudad, nos sorprendimos al poder ver el cielo de otro color que no sea el gris. Ya era tarde cuando llegamos, pocas horas de sol nos esperaban. La electricidad carecía de la omnipresencia que tiene en la ciudad. Planeamos entonces hacer una fogata, nos dividimos las tareas tal como hacemos en la oficina: unos fueron por leños, otros prepararon la zona para la fogata, y otros fueron por sillas y mesas. La zona de la fogata estaba lista, fue acogedora y funcional.

A las brasas

Poco después de haber encendido la fogata el sol cayó. El ritual, el retiro, apenas comenzaba. Nos sentamos alrededor del fuego mientras se preparaban las brasas, contamos historias, contamos nuestra historia. Nos conocimos a un nivel más íntimo, como amigos; sentimos que la buena conexión que tenemos en la oficina podemos tenerla fuera de ella.

Debe de estar en nuestro ADN animal, la carne asada a las brasas tiene un sabor incomparable, esto me recuerda cómo cosas simples pueden hacernos muy felices. La comida fue terminada, el fuego apagado y todo devuelto a su estado de origen.

Lyra y Perseo nos saludan

Terminada la comida, nos desplazamos hacia unas cabañas en donde pasamos la noche. En ese momento la luna se metió, miramos hacia las estrellas: brillaban como nunca lo habían hecho. Casiopea, Gemini,  Lyra y Perseo nos saludaron. Jugamos a unir puntos en el cielo, no siempre se tiene esa suerte de tener cielos despejados. Fue una mágica forma de acabar la noche.

Botas en los pies

Camino a la cima, niebla, y mucho frío.

A la mañana siguiente nos despertamos temprano, nuestro día comenzó antes de la salida del sol. El plan fue llegar a la cima del monte desde donde podríamos apreciar el punto de colisión entre dos placas tectónicas. El trayecto era largo, pero estábamos preparados: botas en los pies, botella de agua en la espalda y una entereza sin igual.

No desistir, intentar, seguir caminando. Eso fue nuestro año.

Un guía local nos abrió el camino, contándonos la historia del lugar desde tiempos prehistóricos hasta el presente. ¡Sí, hubo tiempo para contarla toda! Llegando a la cima, como prueba de excelente coordinación, el sol salió para revitalizarnos con sus rayos. Nos sentimos realizados, orgullosos de nosotros mismos.

Una misma dirección, un camino compartido.

La cima

El punto más alto de nuestro retiro.

Una vez más, juntos, viajamos, ahora físicamente, por un camino que en su punto más alto nos dio una vista sin igual, aire puro y fresco para respirar. Este retiro nos dio tiempo para recordar lo que hemos conseguido este año con Prescrypto

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